¡Que sea la última vez que vuelves a empezar!

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Coyoacán, Ciudad de México.

inventos

 

Paso muchas horas de mi jornada laboral tratando de modificar mentes y calmar ansiedades. Sé que mi profesión es nutrióloga, pero sería iluso pensar que mi trabajo se limita a hacer cálculos y dar menús. En consulta veo personas y como tal, hablamos de vidas, de emociones, de historias, de sueños y de frustraciones.

Me cuesta trabajo lograr que mujeres, hombres, mamás, atletas, profesionistas y pacientes en general entiendan que hay cosas que ya no importan. Una de ellas es el peso. Sí, ese número en la báscula que no significa nada pero que es una obsesión para tantos y tantas.

Ojalá así nos obsesionara la puntualidad, pagar deudas (económicas y emocionales) o pasar tiempo con nuestros hijos. Ojalá todo nos importara igual.

El otro día hablaba con una paciente y se me ocurrió preguntarle cuántas horas de su día dedica a pensar o hablar de su peso… se tomó unos segundos y haciendo cuentas me dijo: “unas diez”.

Me quedé helada. Ella se levanta a las 6 de la mañana y se duerme a las 10 de la noche (pasa 14 horas despierta) lo quiere decir que el 71.4% de su tiempo ocupa su mente con su peso, su imagen, la persona que le gustaría ser y la que cree que no es.

Para ser honesta, además, poco tiene que ver su peso con su realidad. Ella es bajita, tiene grasa (como todos) pero también una buena cantidad de masa muscular. No todo está perdido, aunque ella cree que sí. Es mamá de tres, pasa los 40 y su piel no es la misma. Dice que quiere lucir como de 20 para seguir poniéndose mini faldas y tacones. No lo veo mal, todo se vale, nada más hay que valorar.

Lo que a mi parecer no puede seguir sucediendo es que dedique más tiempo a pensar en su peso y su cuerpo que en sus hijos o su marido, su trabajo o su casa, sus amigas o sus hobbies. Eso ella misma lo reconoció. Está obsesionada con alguien que ya no es.

Además, todo está en su cabeza. Baja 5 kilos y no los nota, sube 1 y se inventa millones de insultos y adjetivos como “soy una vaca” “soy una bola de grasa” y otros tantos bastante desagradables. Mismos, además, que dice sin pena ni censura frente a sus hijas. Ellas solo escuchan y (lamentablemente) aprenden.

Yo digo que todo son inventos. Todo está en su cabeza.

Si “rompe” la dieta ya no la retoma hasta el lunes siguiente (dice que nadie empieza la dieta en jueves) pero todos esos días come y se insulta por hacerlo. Si no va al gimnasio un día, regresa hasta el lunes siguiente, pero todas las veces que no va se dice a sí misma cosas que jamás le diría a nadie. Para ella la vida inicia en lunes. Todos los domingos en la noche se acuesta prometiéndose que esta semana si la va a lograr completa y perfecta. Todos los jueves o viernes se le olvida y se odia por ello. Así vive.

La pasa bastante mal. No ha logrado acomodar su mente cuadrada y dejar de estar a dieta para comenzar a simplemente comer bien. No puede retomar el ejercicio en jueves, sólo en lunes. No puede controlar la ansiedad que siente porque no alcanza a ver que ella misma se la genera.

Si no come como cree que debe, todo está mal. No hace todo lo que cree que debe hacer, todo mal. Vive en deuda con ella misma. Su mente ocupa horas en hacer cuentas de todo lo que ha hecho mal, en lugar de ver lo que ha hecho bien.

Es buena madre, buena esposa, buena amiga y profesionalmente le va bien. Disfruta su trabajo pero siempre le da vuelta en la cabeza que si fuera flaca sería más feliz. Yo digo que no. Quien no es feliz con lo que tiene no va a ser feliz con lo que le falta.

Finalmente todo está en su mente y ahí es donde hay que trabajar. Todo es un invento para justificar su perfecta incapacidad de quererse y respetarse. Ella podría ser feliz si dejara de culpar a su peso de todo lo que le pasa.

El peso no es más que un número en la báscula, un dato que usamos para calcular calorías, un indicador que poco a poco va perdiendo importancia. Me encantaría que ella pudiera entender que es más importante la cantidad de músculo que tiene y lo bonitos que son sus brazos. Me gustaría que alcanzara a ver que sus hijas no la ven así como ella se ve, que para ellas su mami es súper linda y tiene un gran sentido del humor. Me gustaría que cada vez más mujeres dejaran de preocuparse por su peso y se ocuparan de tener una vida feliz.

Sol Sigal.

 

1 febrero, 2017 @ 7:01 pm No hay comentarios en Todo son inventos