¡Que sea la última vez que vuelves a empezar!

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Coyoacán, Ciudad de México.

 

Quien diga que nunca se le antoja nada, seguro está mintiendo… o está en muy poco contacto con su cuerpo y su mente. Todos tenemos antojos, algunos muy seguido otros menos seguido, pero siempre hay algo que podríamos comer o beber.

Resulta que hoy, conversando con una paciente de esas que ayudan a la reflexión, me pude dar cuenta de algo. Todo el tiempo, todos, tenemos motivos para comer. Que si estoy ansiosa, que si estoy cansado, que si el estrés, que si el síndrome premenstrual, que si el antojo, que si el cumpleaños, que si evento social… lo que sea que suceda, siempre es razón suficiente (o justificación) para comer o beber lo que sabemos que ya no debemos comer o beber. No porque sea malo, sino porque ya es mucho.

Hoy nos dábamos cuenta L y yo que, si los antojos los dejáramos pasar, así como dejas pasar los pensamientos en los procesos de meditación, todo sería más sencillo. A ver, me explico, porque justo esta es mi propuesta. Cuando uno medita, no es cierto que pone la mente en blanco, más bien lo que hace es no permitir que los pensamientos que llegan a nuestra mente se queden ahí y ocupen todo ese espacio. Uno debe observarlos y amorosamente dejarlos ir para seguir concentrando su atención en la respiración o en los latidos del corazón o en lo que haya decidido ponerla.

Si hiciéramos lo mismo con los antojos podríamos, eventualmente, dejar de ser su rehén. Porque es así, cuando se te mete en la mente que quieres comer algo, no puedes pensar en otra cosa. O al menos eso crees. Sólo pensamos en ese chocolate, esas papas, esos dulces, ese café con crema batida o ese refresco y no estamos en paz hasta que nos los comemos. Aunque después nos dé remordimiento, culpa o nos sintamos fatal.

¿Qué pasaría si cuando se te antoja comer algo simplemente reconoces el antojo y amorosamente lo dejas ir? Yo sé que suena “hippie” y que no es tan fácil, pero si se puede. De hecho, cuando uno aprende a meditar, no logra hacerlo a la primera. Es un proceso que toma tiempo y hay que tener paciencia. Eso sí, hay que practicar y practicar.

Si pudieras reconocer, además. Por qué se te antojan las cosas que se te antojan y en el momento en el que sucede, sería mejor aún. Si alcanzaras a ver por qué quieres chocolate y no papas, café y no agua de sandía, sería super enriquecedor. Entender que las cosas no suceden porque si, sin sentido ni razón, a partir de observar dónde nace esa necesidad que estas buscando satisfacer con alimentos.

Todos tenemos ciertos vínculos y asociaciones con la comida que nos hacen comer como comemos. Todos hemos relacionado emociones con alimentos sin siquiera darnos cuenta.

Si a partir de hoy logras ver tus antojos y simplemente reconocerlos para después dejarlos ir, será más fácil que con el paso del tiempo dejen de aparecer y así, de vez en cuando que quieras comer algo te puedas dar el chance de hacerlo sin culpa ni remordimiento, en paz.

Sol Sigal.

 

 

 

 

 

14 agosto, 2019 @ 2:44 am No hay comentarios en ¿Tienes antojos? Tengo una propuesta para ti