¡Que sea la última vez que vuelves a empezar!

lun, mar, miér y jue: 7:45 am a 2pm;
Miércoles: de 4:30 a 7:30pm;
Sábado: 9:30 am a 2pm

(55) • 5658 • 1558

Agenda una cita AQUÍ

Coyoacán, Ciudad de México.

 

Es que ser nutrióloga no es fácil. Al menos en mi caso. Si bien no soy figura pública, se que estoy en la mira de todos todo el tiempo y todos todo el tiempo se sienten con el derecho de juzgar y opinar sobre mi: que si como mal o mucho, que si no tengo un cuerpazo, que si mis hijos no son un espagueti, que si me tomo una copa de vino o me como un pan dulce, que por qué compro palomitas en el cine o ceno tacos: ¿Qué no se supone que tu no haces eso? Me preguntan con palabras, con la mirada y con ese lenguaje corporal que todo tenemos y pocos manejamos si no soy lo que ellos creen que yo debería ser.

Y ¿qué crees? Que esa pregunta que el otro se hace sobre ti es absolutamente incómoda e invasiva. Finalmente, las nutriólogas (y nutriólogos) somos, además de eso, mucho más. Somos personas. Yo por lo menos soy hija de mi mamá y de mi papá, mamá de mi hija, hermana de mis hermanos y cuñada de mis cuñadas, amiga de mis amigas y novia de mi novio y todas esas variables sociales y familiares me implican una vida llena de emociones, planes y eventos igual a la de cualquiera y si, de repente como papitas.

¿De verdad crees que por haber estudiado todo lo que he estudiado no me como un pedazo de pan de muerto o me bebo un gin and tonic? Pues si lo hago. El haber estudiado por años, y seguir haciéndolo, lo que en realidad me genera es más conciencia, es más conocimiento de lo que la comida hace en mi cuerpo y de cómo, cada vez me importa menos cómo me veo y más como me siento.

Estoy ahora mucho más segura del camino que he elegido para mi línea profesional: te llevo a donde tu quieras siempre y cuando no pongamos en riesgo tu salud. Ahora lo amplío a salud física y emocional.

Creo que estamos ya muy dañados emocionalmente como parte de esta sociedad en la que impera la moda, la delgadez extrema, la ropa talla cero por encima de la salud, la felicidad y la comodidad con lo que somos y lo que tenemos.

Ojo, no estoy diciendo entonces que comas hasta morir o que te descuides. Al contrario. Mi invitación va absolutamente en sentido contrario. Va enfocada a que te des oportunidad de estar más cerca de ti y más lejos de los demás. Que te atrevas a conocerte y aceptarte cuando sientas que menos lo mereces. Que ames eso que eres y no eso que miras en el espejo.

Ese cuerpo tuyo que hoy tienes es el único que vas a tener toda la vida. Cuídalo. Pero de dentro hacia a fuera y no al revés. Respétate. Háblate bonito. Tente paciencia. Eres capaz de lo que te propongas, pero necesitas escucharte.

Este ritmo vertiginoso de la vida nos lleva más rápido de lo que podemos ir. A mi por lo menos me pasa que de pronto caigo en cuenta de que voy con la corriente, sin sentido ni orientación, que ya no se a dónde ni para qué. En mi caso la comida es el comodín, lo que siempre cabe y siempre explica, acompaña. A lo mejor por eso estudié nutrición, para entender mejor… y creo que poco a poco lo voy logrando.

Sol Sigal.

 

 

 

3 octubre, 2018 @ 4:38 am No hay comentarios en Ser nutrióloga