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El ritmo frenético y acelerado, la urgencia, el estar permanentemente conectado y disponible, todo pronto, todo urge, todo ¡ya y para ayer! nos afecta de muchas maneras. Afecta nuestra salud física y emocional, impacta en nuestro ánimo y en nuestro bienestar.

¿Cuántas veces has escuchado que necesitas comer mejor, relajarte, tomar unas vacaciones? ¿Quién no ha sentido la tremenda necesidad de abandonar todo y desaparecer un tiempo? Esto es la vida moderna, esta es la locura en que estamos inmersos y ni cuenta nos damos.

Comer mal, dormir poco, estar sometidos a tanto estrés y siempre tener deuda de pendientes, de horas con la familia o los amigos. Tenemos patrones que definitivamente nos hacen mal y nos enferman.

¡Este auge de las enfermedades metabólicas no es de la nada! La creciente cantidad de casos de diabetes, enfermedad celíaca y de Crohn, obesidad, colitis, algunos tipos de cáncer y alergias nos dejan ver que algo no estamos haciendo bien.

¿Te has puesto a pensar cuáles de tus conductas ayudan y cuáles no ayudan a tu buena salud? ¿Sabías que todo lo que hacemos afecta nuestros “dos cerebros”? El cerebro que conocemos como tal y el segundo cerebro, el colon. Lo que comemos, bebemos, vemos y pensamos nos hace bien o nos hace mal.

Investigaciones actuales nos permiten saber que lo que pasa por nuestra mente afecta nuestro cuerpo y viceversa. Ya no sabemos si, por ejemplo, una depresión se puede originar por una mala dieta o una mala dieta complica los estados depresivos. Cada día se encuentran más funciones del colon y su microbiota y cada día nos recalcan más la importancia de cuidarla.

Recordemos que la microbiota son todos esos microorganismos que viven en nuestro colon y cumplen cientos de funciones, en su mayoría benéficas para la salud. Esta microbiota debe estar balanceada o sana para estar nosotros bien.

¿Cómo hemos ido afectándola? Con el estilo de vida que llevamos. Comer mal, beber alcohol, el exceso de medicamentos e higiene, las cesáreas y la poca lactancia son “avances modernos” que por un lado nos facilitan el día a día pero por el otro están dañando seriamente nuestra salud a largo plazo.

Si comenzamos a analizar desde el principio (el nacimiento) cabe decir que los niños necesitan atravesar el canal vaginal para obtener de su mamá flora bacteriana y tener buenas defensas. Los que nacen por cesárea no tienen esta primera línea de protección y sufren más enfermedades, alergias y sus complicaciones.  De la misma manera, la disminución de la lactancia materna hace que los cientos de “bichos buenos” que necesita el bebé se pierdan. Las fórmulas no los contienen y los niños crecen con un microbioma diferente y no necesariamente eficiente para protegerlos.

Después, al ir creciendo comenzamos a comer y beber mucho y mal lo que deriva en una generación de adultos inflamados, llenos de alergias, no precisamente bien nutridos y enfermizos. Hemos olvidado la importancia de las frutas y las verduras como prebióticos (alimento de la microbiota) y de los lácteos, básicamente el yogurt, para llenar el colon de probióticos o bacterias benéficas. Los eliminamos por moda, por descuido, por dieta o por todo mezclado.

Es ahí cuando entonces nos sentimos mal y comienza el siguiente gran error: nos llenamos de medicinas, sobre todo antibióticos, que si, matan las bacterias malas pero también las buenas. Ahora, todo lo que comamos nos va a inflamar, dar alergia o hacernos sentir fatal. Todo se desorganiza y entramos en este círculo vicioso de comer mal-enfermar-tomar medicamento- sentirnos mal-comer mal…

Y ¿qué tal ese afán por esterilizar todo y el uso excesivo de cloro, antibacteriales y jabones? Hasta eso hace daño. Necesitamos moderarnos. La obsesión por la limpieza y por matar cualquier cosa que se nos acerque no nos lleva a ningún lado, o al menos a ningún lado bueno, sólo nos genera menos bichos buenos y más estrés (el peor consejero).

La clave está, entonces, en entender la importancia de volver al origen, a lo natural. Retomar el parto vaginal y la lactancia, la dieta correcta siempre y para todos, el consumo escaso de alcohol y eliminar el uso indiscriminado y autorecetado de antibióticos y antibacteriales. Sólo así podremos sobrevivir esta vida moderna con sus grandes gozos y tremendos vicios.

Sol Sigal.

5 octubre, 2016 @ 2:01 pm No hay comentarios en ¿La vida moderna te está matando?