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Escuchar la palabra cáncer es como escuchar la palabra muerte. A todos nos asusta y muchos preferimos hacer como que no existe, que a nosotros no nos va a pasar. De pronto, ¡pum! Un estudio, un chequeo y un mal diagnóstico. Alguien cercano, alguien querido o nosotros mismos tenemos cáncer.

Pasado el desconcierto, el miedo y la toma de decisiones hay que comenzar a cuidarse. El cáncer es multifactorial y son tantas las posibles causas que aún hay mucho por investigar. Lo que sí se sabe de cierto es que fumar causa cáncer. Además, se sospecha que el consumo de alcohol, la inactividad física, la dieta, las infecciones, cuestiones hormonales y exposición a químicos y radiaciones pueden ser factores de riesgo.

Poco a poco ésta enfermedad va ganando terreno entre la población, ahora alcanzamos edades más avanzadas y hay menos muertes asociadas a otras cosas, como infecciones, lo que le da más oportunidad de aparecer. Es decir, vivimos más y nos enfermamos menos, pero de cosas más complejas.

Al parecer la presencia de cáncer de pulmón, colon y recto, mama y próstata aumentan en economías desarrolladas, contrario a lo que sucede con el cáncer de estómago que disminuye con el desarrollo. De hecho, en 2012 las enfermedades no transmisibles (que incluyen enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y neumopatías crónicas) causaron más del 68% de las muertes.

En el caso del cáncer, 30% de los casos en países desarrollados y 20% en países en desarrollo pueden asociarse a factores alimentarios. ¿Esto que significa? Que después de dejar de fumar, comer bien puede prevenir la enfermedad.

Hay también una clara asociación entre la inactividad física, el peso corporal aumentado (sobrepeso/obesidad) y el cáncer de mama, colon, endometrio, riñón y esófago.

La Organización Mundial de la Salud comunica algunas recomendaciones específicas para prevenir la enfermedad:

  • • Mantener un peso (en adultos) tal que el IMC (Índice de Masa Corporal) se encuentre entre 18 y 25 kg/m2 y evitar ganar más de 5kg durante la vida adulta.
  • • Mantener actividad física regular, es decir, hacer ejercicio la mayoría de los días de la semana.
  • • No se recomienda el consumo de bebidas alcohólicas.
  • • Los productos conservados en sal y fermentados deben consumirse con moderación, especialmente durante la infancia.
  • • Debe reducirse al mínimo la exposición a la aflatoxina (toxinas producidas por hongos) de los alimentos.
  • • La dieta debe incluir al menos 400g diarios de frutas y verduras (5-7 raciones).

Se han hecho propuestas de alimentos que podrían aumentar o disminuir el riesgo o el proceso de la enfermedad, pero aún se necesita más información. Se dice mucho de la fibra, los fitoestrógenos y de los lácteos.

Si bien los dos primeros deben evaluarse con detenimiento, el consumo de lácteos (leche sobre todo) ha sido recomendación médica general ya que ayuda a mantener estable el peso y el aporte de proteína en la dieta de los pacientes quienes suelen tener comprometida la masa muscular durante el proceso médico.

Para ellos y para quienes no tienen mucha hambre o se sienten satisfechos pronto, la alternativa ideal es un licuado que les aporte proteína, carbohidratos y que sea frío. Los va a nutrir y hacer sentir mejor. Ayudará a disminuir náusea, dolor de estómago y malestar general.

Así pues, a modo de conclusión: antes, durante o después de un cáncer la recomendación que seguro sirve para curar, tratar o prevenir es una dieta correcta que incluya alimentos de todos los grupos y… dejar de fumar.

Sol Sigal.

 

12 octubre, 2016 @ 6:24 am No hay comentarios en Dieta y cáncer