¡Que sea la última vez que vuelves a empezar!

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Coyoacán, Ciudad de México.

 

Como parte de la consulta de nutrición hay que subirse a la báscula. Yo en mi consultorio tengo un equipo que mide varias cosas (músculo, hueso, grasa y agua) y después de la medición se imprime una hoja con toda la información.

Por lo general, cuando mis pacientes llegan a consulta conversamos un poco cómo les fue con el plan de alimentación que diseñamos, como se han sentido, qué cambios harían, en fin. Es ahí donde me dan información que más adelante, junto con los resultados de la medición de composición corporal, hacemos los ajustes necesarios.

Pero sucede algo muy curioso y no es durante esta conversación sino cuando llega el momento de subirse a la báscula. He encontrado 4 reacciones diferentes, hoy se las comparto para ver si se identifican con alguna:

Cabe mencionar que mi equipo tarda entre 20 y 40 segundos en medir así que tienen suficiente tiempo para reaccionar de las maneras más peculiares…

1. El que no quiere ni respirar. Así es. Muchas veces hasta me preguntan si pueden hablar. Me decía el otro día un corredor que siente que si respira profundo va a pesar más así que aguanta lo más que puede.

2. El que confiesa. Resulta que en esta primera conversación muchas veces me dicen que hicieron las cosas muy bien, que siguieron la dieta tal cual y que hicieron todo el ejercicio al que se comprometieron, pero cuando se suben a la báscula y ven como la medición avanza y avanza comienzan a acordarse de todos los “pecados” que cometieron. Es ahí donde escucho el: “bueno, si me comí un pastel”, “oh, es verdad que el fin de semana tomé vino”, “uy, no pude ir tanto al gimnasio como hubiera querido” y puras así.

3. El que se enoja con el equipo. Es entonces que comienzan a darle indicaciones para que se detenga: “ya, deja de medir”, “te odio equipo” y así. La mayoría de las veces nos reímos, pero otras si se enojan de verdad.

4. El que se enoja consigo mismo. Esta es la peor porque siento horrible al escuchar cómo son capaces de decirse, los propios pacientes, cosas horribles que van de “claro, si no haces dieta cómo quieres mejorar” hasta “eres una vaca” “qué esperas, las gordas como tú nunca tendrán (A), (B) o (C) cosa”. Horrible.

Y luego quedan los que no sufren, saben cómo hicieron las cosas y lo toman con humor. Se ríen, asumen y lo vuelven a intentar.

Lo que me parece más importante es entender que la báscula es sólo una herramienta, no habla del esfuerzo, ni juzga ni etiqueta. Equivocarnos o no ser tan disciplinados no es una sentencia ni es para siempre, no tenemos por qué insultarnos, ofendernos o decirnos cosas terribles que no permitiríamos que alguien más nos diga. Hay que hacer lo que hay que hacer, pero sobre todo, dejar de sufrir por un número. Sólo somos humanos.

Sol Sigal.

 

 

 

 

 

17 enero, 2018 @ 1:09 pm No hay comentarios en Cuando te subes a la báscula, tu…