¡Que sea la última vez que vuelves a empezar!

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Coyoacán, Ciudad de México.

pastmilagro

 

La imagen que me viene a la mente es la de un carrito de esos que venden fruta o dulces en la calle, que tienen todo a granel y uno compra en un vaso o una bolsa lo que le apetece. No importa si le hace bien o mal, no sabe si le va a gustar o no, no sabe si está limpio, viejo o contaminado… uno compra, paga y se va. El vendedor te lo entrega y es responsabilidad de quien lo consume.

Así venden ahora cientos de productos para perder peso o curar enfermedades. Nadie regula nada y nadie analiza nada. Uno pide, paga y consume. Los que venden prometen milagros y los que compran, eso es lo que buscan.

Cientos de medicamentos y suplementos que se anuncian en redes sociales, en páginas de internet o que te distribuye un conocido o un entrenador de gimnasio. Sustancias “naturales” en productos que aseguran lograr lo que nadie ha logrado jamás: perder peso sin dejar de comer y sin hacer ejercicio, curar enfermedades incurables (cáncer, VIH, Alzheimer, diabetes). Lo que no te dicen es que ponen en riesgo tu salud y pueden, en el mejor de los casos, dejarte con graves secuelas y en el peor, llevarte a la muerte.

Es el caso tan sonado en estos días de la chica que consumió pastillas para perder peso y que en menos de un mes está muerta y deja una nena de un añito sin su mamá. No lo puedo creer. Me impactó tanto la noticia que solo pienso y pienso en la angustia del papá, el dolor de la familia y el futuro de la niña. Está muy chiquita para quedar huérfana, todavía la necesita.

¿Cuánto vale nuestra apariencia? ¿A dónde tenemos que llegar para que nos entre en la cabeza que los milagros no existen? No es responsabilidad sólo de las autoridades, es de todos. Ella, por su voluntad, compró y consumió las pastillas, nadie la obligaba. Ella, sin asesoría de un médico especializado quiso tomar un atajo y se encontró de frente con el lobo y no pudo escapar.

¿Quién puede hacer entrar en razón a esos cientos de mujeres que venden y compran productos ilegales en páginas de internet y redes sociales? Lo he visto, en grupos de mujeres… uno anuncia sus servicios como nutriólogo y a nadie le interesa, nadie responde. Aparece una chica con un producto que promete magia y su post está lleno de solicitudes de información… todo “inbox”.

Obvio, es un negocio; obvio, nadie va a ayudarte si tienes efectos secundarios. De hecho, nadie se hace responsable de nada, pero eso sí, te llenan los oídos y los ojos con promesas falsas y entran justo por la llaga que tanto nos duele a las mujeres: la frustración de no tener cuerpo de revista, abdomen de lavadero y bubis y glúteos tonificados y firmes. Todo eso te prometen que vas a lograr si consumes unas cápsulas, jarabes o tés que venden sólo ellas y que es un secreto milenario que las grandes empresas no te dicen porque te quieren enfermo.

Es falso. La ciencia trabaja para todos y en beneficio de todos. Ahí no hay engaño, en las redes sociales sí.

Estoy muy molesta. Me enfada muchísimo ver la poca ética de las que venden, la poca responsabilidad de las que compran y la poquísima autoestima de tantas y tantas mujeres que a pesar de todo lo que hacemos, nunca estamos ni estaremos satisfechas con lo que somos, con lo que tenemos y con cómo nos vemos. Que tristeza.

Sol Sigal.

 

 

 

5 julio, 2017 @ 11:08 am No hay comentarios en ¡Los milagros no existen!