¡Que sea la última vez que vuelves a empezar!

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Coyoacán, Ciudad de México.

lunchera

 

Por lo general les cuento de mis pacientes y sus historias, pero hoy les voy a hablar de mí y mi historia. Bueno, sólo una pequeña parte.

Deben saber que soy mamá de una niña de 9 años. Ella, como afortunada niña que es (entre los millones de niños que no pueden estudiar y mucho menos elegir lo que comen) va a la escuela.

En su escuela cada niño lleva su almuerzo (lunch) y si quiere compartir con otros, lo hace sin problema. El tema se presentó cuando hace un par de meses mi hija se hartó de lo que yo le mandaba. Me di cuenta porque traía comida de regreso. Lo hablamos y el acuerdo al que llegamos fue que ella se iba a preparar su propio lunch, para que no comiera lo que de plano le parecía tan aburrido.

Así comenzamos. Yo, como mamá nutrióloga pero “libre”, la dejaba elegir lo que quería llevar pero la iba orientando. Si ponía jícama y pepino le proponía que cambiara alguna de las dos por una fruta. Si empacaba galletas y pan le explicaba que son básicamente lo mismo, que mejor cambiara uno de los dos por un pedazo de queso o un huevo duro. Siempre recordándole llevar agua sola.

Ha sido de los mejores experimentos de la vida. Hoy por hoy ella sigue haciéndose responsable de lo que lleva a la escuela y poco a poco ha ido tomando más consciencia de su alimentación en general.

Sin duda, es importante que los niños lleven un lunch que vaya acorde a sus gustos y requerimientos, porque es en la escuela donde gastan más energía. La lonchera debe cubrir del 10 al 20% del requerimiento de energía diaria y jamás sustituir el desayuno. Deben hacerse los dos tiempos de comida.

Con esta dinámica además también aprendí más sobre sus gustos. Descubrí su gran predilección por el queso. Unas 2 veces a la semana prepara todo y al final regresa al refri y un Danonino (que cabe mencionar es queso tipo petit suisse). Le pregunté qué era lo que le gustaba y me dio tres lecciones que me dejaron con la boca abierta: Lo práctico, el sabor y la nutrición.

Lo práctico lo entiendo, la verdad es que cuando pienso en un alimento nutritivo y portátil me vienen a la mente estos productos, sin dudar. El sabor me queda claro que es un tema personal y ella es “dulce” así que disfruta un postre sin ser nada más calorías vacías como otros productos. Donde me quedé impactada fue cuando me habló de nutrición. Me dijo que me ha escuchado tantas veces hablar con mis pacientes de los beneficios de los lácteos que ella cree y siente que le hacen bien. Me mencionó que tienen calcio y que ella lo necesita (tampoco sabe mucho por qué) y que la proteína se ha dado cuenta de que quita el hambre. De hecho, muchas veces se lleva dos o tres vasitos y los comparte con sus amigas.

Sé que muchos pensarán que cómo puedo darle a mi hija un Danonino de lunch, que cómo le permito comer “esas cosas”, pero quienes me conocen saben cómo pienso: los alimentos no son ni buenos ni malos.

Finalmente, un vasito aporta 5g de azúcar (incluida la lactosa y la fructosa) pero sólo 52 calorías y casi 3g de proteína. Para todo lo que hace en la escuela, apenas le alcanza. Además, ahora se conoce la importancia del calcio a esa edad y en 45g de queso petit suisse hay 112mg con sólo 1,3g de grasa.

Siendo honesta no me parece para nada malo que se lleve de lunch, además de fruta, verdura, proteína y grasa un vasito de Danonino de vez en cuando y me parece increíble que vaya poco a poco entendiendo cómo combinarlo y poder hacer de todos los alimentos (todos) parte de su dieta diaria y un estilo de vida saludable.

Sol Sigal.

 

 

 

14 junio, 2017 @ 1:28 pm No hay comentarios en El lunch de mi hija